Corazones Negros | Voz Propia: una historia escrita con tinta negra I

| 05/12/2011 | 3 Comments
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Voz Propia | Corazones Negros

A mediados de la década de los 80 Lima estaba –literalmente– vestida de negro. Era un color más que propicio para los tiempos que se vivían. Los atentados terroristas de Sendero y el MRTA enlutaban al país, y en esta ciudad vestirse de negro simplemente parecía una cosa natural; un asunto de empatía, tal vez. Además de los terroristas, estábamos siendo acribillados  por el primer gobierno de Alan García, que fue bastante “terruko” y perverso, aunque pocos lo recuerden, con sus paquetazos, irrespeto total por nuestros derechos ciudadanos –y humanos–,  y el infernal manejo de la economía.

Los amigos se iban del país, simplemente se iban, de un momento a otro. Se iban a cualquier sitio que no fuera este barco que se hundía.  Y los demás se quedaban, haciendo adiós desde la popa de esa embarcación, que se elevaba sólo para hundirse más velozmente.

En medio de esa desolación, de ese estado de depresión terminal, Lima empezó a llenarse también de sonidos acordes con esos tiempos de muerte y soledad. Y Voz Propia fue el sonido de esa Lima. Crearon una banda sonora made in Lima, para esos limeños. Pero también le pusieron la letra a esos acordes, compuestos desde el abismo sobre el que nos mecíamos todos, casualmente de negro.

Precisamente, vamos a dar un caleidoscópico paseo por esas líricas, esas frases que le gritaban a un mundo al que no le importábamos, la indecible frustración de esa generación invisible y amordazada por su indiferencia. La impotencia de ser jóvenes en esa Lima donde la única variante al negro de rigor, era el gris de su horrendo cielo. Letras que fueron la voz de esa generación que se quedó bastante sola y, lo que es peor, desolada; porque en esos tiempos la pitucona marca Perú, el triunfalismo de los Gastones y  la magia de Machu Picchu, maravilla del mundo moderno, el facilismo del internet y la falsa prosperidad de las tarjetas de crédito –¡para todo el mundo, oiga usted!–,  no existían, porque el Perú entonces no estaba de moda.

 

Voz Propia | Letras oscuras y duras

Eso es lo que podemos ver retratado en las letras de Voz Propia, escritas entre  1987 y 2011. Compuestas en su mayoría por Miguel Angel Vidal, vocalista de la banda.

Lima, segunda mitad de la década de los 80, se escuchan estas palabras: “Tu ciudad destruye lo que intentas lograr” (Nocivo El Aire, “El ingreso”, 1987, M.A. Vidal), esa sola frase resume el sentimiento de una generación entera de cara a su ciudad, que es la prolongación de la casa paterna  –o materna–, por eso las ciudades “engendran” a sus hijos, por eso existe una impronta en el ciudadano de tal o cual ciudad: “Es una ciudad irreal. En decadencia, descompuesta, criminal” (Tu Ciudad, “El ingreso”, 1987, M.A. Vidal).  Claro, como siempre, hubo unos pocos que salieron bien librados. Algunos privilegiados que viajaban a los EE.UU o Europa y volvían vestidos de negro, pero era otra clase de negrura: la de ellos era sólo para ser posada, para la foto, para jugar a la depresión  porque era lo que se usaba. Eran los pitu-darks, los detestados poseros. Chicos y chicas que seguían una tendencia que para ellos era importada, pues no vivían la realidad desesperanzados, como el resto, sino con el pasaje de avión y la visa a cualquier parte en el bolsillo: “Haciendo poses para que los vean/ Es un teatro en el cual hay libreto” (Fiestas Negras, “El Ingreso”,1987, M.A. Vidal).

Voz Propia | Teatro La Cabaña (2009)

Y entre los que se quedaban porque no tenían otra opción, se daban toda clase de sentimientos encontrados. Bronca con el país, con la ciudad, con la familia. Con esos amigos que se iban, o con uno mismo, por no poderse ir: “Pero alguien me llama/ Desde lejos/ Y no puedo irme /Sin haber dicho palabra alguna” (No Puedo Irme, “No puedo irme”, 1989, M. A. Vidal). La tristeza que los embargaba por ver mutilados los afectos; la sensación de empezar a borrarse de la foto, o del mundo: “Ya no existes /Queda sólo el recuerdo/ Ni una promesa /Queda solo el  cuerpo (No puedo irme, 1989. M.A. Vidal). Voz Propia hacía eso: le ponía palabras duras y cortantes a sus oscuras e intensas melodías, a la frustración y al miedo. Al temor a ser muertos antes de empezar a vivir, como a muchos les tocó verlo, ver a un amigo muriendo por una bala perdida en medio de un toque de queda o balacera; y el inevitable endurecimiento del alma ante esas ausencias forzadas, que seguirían siendo nuestra marca –país en la siguiente década… “Los rostros van cambiando con rapidez /muchos se fueron para no volver /y no puedo culpar su decisión aunque se agriete mas mi corazón”  (Raúl Montañez, El Sueño, 1990).

Alguien caído por el estallido de alguna maldita bomba. O peor aún… Suprimido desde la cúpula del poder o los excesos de los mandamases. Había sólo silencio alrededor: “Han gritado toda una noche /Han matado hasta hartarse /Todos esos pasos rompieron rostros /Hoy apuntaron hacia las cárceles” (Hacia Las Cárceles, 1989, M.A. Vidal).

Personalmente creo que nunca en la historia de este país y en especial de esta ciudad, se necesitó tanto tener cojones para vivir y no convertirse en un número más de las estadísticas de migraciones o de la morgue. Y encima de eso, atreverse a crear como lo hizo Voz Propia; expresar y  decir que estaban pasando cosas  innombrables e indignantes, o que la vida se nos había vuelto una pésima broma. Para muchos, fueron héroes por darle a tantos jóvenes una necesaria “voz propia”: “Silencio impresionante/ El hombre en soledad/ Estado de agonía/ Pavor sobre la piel” (Pavor, Ulises Quiroz, 1989).

Y así los negrísimos ochentas llegaron a su fin y  la nueva década hizo su entrada con mucho estrépito. Vargas Llosa versus Fujimori, más sangre derramada por Sendero y afines. El confuso inicio del fujimorato y con ello, la destrucción de varias cosas que no se recuperarían jamás. La trágica esperanza de un país en agonía: “Solo silencio entre las filas /Ya nadie quiere estar/ En el infierno otra vez. /Solo vivir consumir, vegetar y morir/Un nuevo rostro golpean esta vez /Espero que digas algo /Que mis amigos están muertos…“ (Noventas, 1993, M. A. Vidal, Hastío). El vacío y la necesidad de aturdirse, entrar en alguna vorágine que los sacara de sí mismos, cualquier cosa para no pensar. ¿Acaso no fue así? “Y nada queda en mí /Nada en mí /Una follada para recordar /Sólo al masturbarme / O alguna droga más /Para esconderme /Para olvidar. (Hastío, 1993, M. A. Vidal).

FIN DE LA PARTE I. Lee la continuación de este artículo en Corazones Negros | Voz Propia: una historia escrita con tinta negra II.

Voz Propia | Centro Cultural de España (2011)


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Category: Bandas, Opinión

About the Author ()

Trabajó como redactora y periodista para las secciones culturales de la revista Sí y el Diario El Peruano. Es instructora de idiomas y traductora free lance. Actualmente escribe para Konexión Rock, además, es editora y autora en: www.postfanzine.blogspot.com, junto a Jaime Higa, artista plàstico, melòmano y galerista de arte. Sus intereses se centran en los diversos movimientos contraculturales, el rock y la cultura alternativa.

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